lunes, 7 de abril de 2008

Metaopinión


Opinar es fácil, lo difícil es que lo opinado sea fiel a la representación real del elemento sobre el que se opina. Al opinar es usual caer en ejercicios de demagogia cuyo único fin descansa en sobresalir por encima del otro, sin pensar en que los juicios de valor emitidos pueden tener una repercusión en aquel que escucha lo significado con la atención del aprendiz. Si por tener razón se perturba el fin primordial de una opinión, ésta deja de serlo y se convierte en una manipulación. Es preferible reconocer ignorancia respecto a un tema en cuestión que lanzarse a una piscina vacía de contenidos por el mero hecho de no mantenerse callado. El problema es si a alguien le pagan por opinar una vez al día de lo que sea y fuerza argumentos a precio de saldo para mantener viva su continuidad en la cabecera de turno. Opinadores de medio pelo, sin pelo o con él, que se asoman al deporte, a la política, a la cultura, a la economía o a la dietética sin tener el más mínimo escrúpulo. Opiniones vertidas sin documentos que avalen las aseveraciones planteadas de forma despótica; recreaciones de escenarios jamás visitados; puntualizaciones burdas de la realidad; matizaciones de experto en inflar cajas de texto, en quemar segundos de radio o en malgastar minutos de tele.

Opinar es fácil, sí. Saber de todo, también. Saber de nada, ¿es de ignorantes? Opinar es un ejercicio sano, claro, pero es preferible escuchar, retener, contrastar y documentar antes de proferir argumentos a diestro y siniestro sin la brújula de una humildad perdida en el tiempo. Esto es una opinión, por supuesto. Opino, sólo opino; pero opino de una opinión menos opinada que otras opiniones: la metaopinión. Espero que no sea tenida en cuenta o, si se considera, que sea rebatida por argumentos de peso que permitan establecer un diálogo constructivo al respecto de nuestras opiniones.
photo by somos

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