jueves, 17 de abril de 2008

Rabia


Agazapado en su interior convulso ahogó sus meses de enfermedad sin mostrar señales de recuperación. Siempre había sido valiente pero se acomodó en la versión mártir del cuidado cariñoso, de la bondad sin ambages de la persona que le acompañó en la salud y en la enfermedad hasta que la muerte los separase. Aficionado a la parquedad de palabras, padrino de la acidez de frases sin desenvolver, torturador psicológico de almas generosas, afilador de cuchillos sin utilizar; quedó sentado en el trono de la desdicha, espetó a cada cariño con la avilantez del desagradecido, del amargado, del que arguye experiencia para no dar la razón a quien sólo pretende insuflarle palabras de aliento. Castigado por una vida áspera de inicio, no vio el edén que le brindaron los capítulos venideros, de color pastel, de espuma blanca en un rompeolas a prueba de erosión. Otra espuma, la de la rabia, acabó con él y se llevó por delante el castillo de naipes de su vida.

Sin ilusión, sin crédito, sola, recogió la baraja y la guardó en el cajón, junto a las fotos y diapositivas de aquellos años felices en los que el sol dibujaba siluetas infantiles en los tejados de la ciudad nueva.
photo by somos

5 comentarios:

Projetor dijo...

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Óscar dijo...

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Anónimo dijo...

Relato duro,descarnado, traumatizante, y a pesar de todo, o quizá por ello MAGNIFICO.
Cuando me pase el desasosiego prometo esforzarme en disfrutar y hacer disfrutar los "capítulos venideros" que me queden como profilaxis para cuando lleguen esos duros momentos.
Eres tan crudo y realista como un tal David.(Véanse algunos de los relatos posindustriales)
Enhorabuena.
David's father(Oscar dixit)

Óscar dijo...

La acidez no es patrimonio de un estómago castigado por los malos hábitos de su propietario, es algo que se mastica por una generación de treinta y pocos.

De ahí las notas comunes encontradas en la crudeza y el realismo del tiempo que vivimos y que unos destripamos en nuestras reflexiones y otros de forma brillante en sus relatos.

Gracias

Anónimo dijo...

No seas tan humilde. Yo lo pondría a la cabeza en el libro.
No se puede describir mejor con tan pocas palabras esas situaciones que todos conocemos por habituales.Yo identifiqué a la(s) persona(s) del relato antes de llegar a la mitad de la lectura, y mira que es corta.
Javier B.