lunes, 19 de mayo de 2008

El gato griego


Un gato negro no tiene por qué traer mala suerte pero sí puede convertirse en elemento simbólico de una desaparición supersticiosa.

Dos turistas descargaban su adrenalina en las Espóradas, archipiélago griego formado por cuatro islas (Skiathos, Skopelos, Alonissos y Skyros), cuando les sorprendió la llegada de un majestuoso gato negro después de haber pasado un intenso día de playa. Los gatos callejeros que habían visto hasta entonces por Grecia estaban más bien famélicos, desgarbados y enfermos, como indicaban los ojos acartonados de la mayoría de ellos. Pero aquel gato negro lucía un pelaje brillante, una planta equilibrada y una fisonomía cercana a la raza egipcia, muy digno él. La pareja de turistas regresaba de bucear y, para evitar pérdidas, habían dejado sus alianzas de casados en la bolsa de playa que portaban. La afición que ambos sentían por los felinos precipitó el episodio. Era el primer gato sano que veían durante su estancia vacacional, que tocaba a su fin tras 10 días de asueto. Por ello, quisieron inmortalizar la presencia de tan curioso animal y no dudaron en extraer la cámara pocket de la bolsa. Las fotos reprodujeron fielmente la belleza del felino, aunque hubo que pagar un peaje demasiado caro. Una de las alianzas quedó anclada para siempre en la isla, junto a la pata derecha de un gato que quiso cobrarse la recompensa de tan misteriosa aparición. Miau.
photo by somos

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