viernes, 9 de mayo de 2008

Gotas de primavera


Cuando llueve, los personajes que rodean la acción de mi entorno más próximo cambian de semblante. Tienden a esconderse bajo falsas apariencias, la prisa les reconcome y la ausencia de ademanes cómplices enerva el ambiente hasta caldearlo sin saber si lo que se mastica es humedad o indiferencia. Un paraguas es el mejor aliado en situaciones como la descrita; bajo él se imitan comportamientos trémulos heredados de nuestros ancestros, recogimiento fósil ante la inercia de evitar ser mojado, ser observado, ser espiado por los que miran desde cobertizos secos, habitaciones curiosas, portales cotillos, vehículos que vienen y van.

Cuando llueve, también hay charcos. Espejos para unos, juguetes para otros, agua estancada para los que carecen de la chispa que ilumina a los soñadores, quienes encuentran lagos de oportunidades abiertos al público, chapoteados, ondulados resquicios de pensamientos efímeros, enamoradizos, risueños, rotos, escarchados. Quisiera mojarme los pies pero ahora miro la acción desde mi puesto de vigilancia, desde mi conjuntivitis alérgica primaveral, observadora, con olor a mina de lápiz sobre un papel áspero.

Cuando llueve, escribo con las escotillas abiertas, por si cualquier gota mensajera se posara sobre el papel del que fluyen las ideas mojadas. Después, cuando ya no llueve, si cae el atardecer, paseo y huelo aromas primaverales custodiados por el croar de las primeras ranas del año y el embelesador e intenso perfume del jazmín.
photo by somos

2 comentarios:

AdR dijo...

Yo siempre tengo la escotilla abierta, por si cae una de las gotas que dices, que hacen falta. La fragancia de jazmín potencia tu texto, más aún.

Abrazos

�scar dijo...

Es que esa fragancia potencia cualquier alma, por muy inerte que sea.

Saludos