viernes, 23 de mayo de 2008

Inmediatez de cómic


El concepto inmediatez, además de expresar una propiedad valorada en la profesión periodística, puede referirse a la capacidad que tienen algunos de mostrarse de manera fulminante, en un visto y no visto, ante un auditorio a priori más o menos cómodo o cercano. Lo inmediato en este caso sería un recurso empleado por aquellos que juegan con la sorpresa para convencer a unos interlocutores ganados de antemano por ser familia, compañeros de trabajo o amigos. El problema viene dado si se emplea en contextos inapropiados y el receptor de una verborrea exprés percibe el gesto como tomadura de pelo o como una mención latente a su hipotética condición de ignorante. Casos encontramos muchos en el día a día, pero voy a ilustrar un ejemplo que no dejará la puerta abierta a las dudas.
Alejandro sabía mucho del mundo del cómic, tanto que guardaba celosamente en una habitación de su casa habilitada para tal fin unos 34.000 ejemplares. Batman, Spiderman, El Capitán Trueno, Superman, Los Cuatro Fantásticos, Conan, Tintín, Asterix y Obelix… pocos títulos se le habían resistido desde que, con 10 años, comenzó su afición. Tres décadas más tarde, emancipado, alejado de su hogar familiar y devorando grandes dosis de tiempo libre, había erigido en las paredes de su piso de soltero un santuario de la ficción dibujada. Amante de los viajes a las mecas de los números perdidos, de los borradores de ediciones especiales, de las tapas de aquellos coleccionables imposibles, de figuritas de plomo vendidas hace años para celebrar una tirada especial de Marvel, de máscaras de Hulk tridimensionales levantadas sobre la página 20 del número cero del superhéroe verde, estaba siempre dispuesto a charlotear sobre su afición sin ser pesado. Era una persona bastante flexible, que sabía escuchar, atendía a los argumentos favorables y retenía los que contradecían sus pensamientos con olor a página rugosa y a tinta. Siempre había dicho que el mundo del cómic había entrado hace años por la puerta grande del arte y que podía ser considerado una disciplina digna de museos, de foros de expertos y de huecos en páginas de publicaciones especializadas en Bellas Artes.

Siguió dando rienda suelta a su afición hasta que tropezó con la inmediatez del intonso. No escuchó más que “el cómic es para anacoretas y fracasados que, al no encontrar la llave de la sociabilidad, se encierran en su fantasía de lata”. El artífice de tan ‘atinada’ aseveración, entonada con la seguridad del demagogo, del que sabe mucho de no saber nada, no pudo terminar de pronunciar la última ‘-a’ de su frase porque el pitido del bofetón que recibió del tolerante aficionado expuesto a las consecuencias de una inmediatez adulterada le dejó en una dimensión alejada de la realidad, más propia del color anaranjado de el hombre de piedra, o del rojo tomate de Spiderman.
picture by marvel

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