miércoles, 14 de mayo de 2008

Los otros, nosotros



Mónica, de Perú, estudió el doctorado en Matemáticas en la Universidad de Salamanca; Mila dejó Venezuela para ejercer de ingeniera en una empresa española implantada en otros cinco países europeos; Manu es el hijo de un empresario chileno con varias delegaciones en nuestro país; el norteamericano Gay estudió la licenciatura de Químicas en la Complutense de Madrid; Ana, originaria de Uruguay, es profesora de Redacción Periodística en Pamplona…Una foto fija de ellos en 1995 nos mostraría que eran valorados en España por lo que son: trabajadores cualificados, hijos de países exóticos, portadores de experiencias enriquecedoras, emisarios de otra cultura con la misma letra, soñadores, emprendedores, o no, como nosotros. Por aquel entonces, lo foráneo en nuestro país era tenido en consideración desde el valor diferencial que solemos aplicar a lo desconocido. Si entre un grupo de amigos, uno era venezolano, lo normal es que se convirtiera en foco de atención de conversaciones, comentarios y cuestionarios interminables sobre su vida al otro lado del charco. Recreaciones sin prejuicios de experiencias ajenas a nuestro entorno aprovechadas desde su sentido más didáctico.

La misma foto, amarilleada ya, ha quedado tan desfasada 13 años después que es difícil de asimilar. Hoy, la sociedad española tiende a desprestigiar al inmigrante de antemano, sin dejarle siquiera tiempo para decir hola o respirar. Somos tan crueles que, incluso, han sido etiquetados con términos despectivos que les engloban en una mayoría mostrenca sin corazón, sin alma y desde una perspectiva convertida en invasora. Los mismos que presumían de tener ese amigo venezolano cuando iban a tomar una copa o a la cafetería del campus son los que hoy procuran no coger el teléfono cuando les llama para quedar. Así de duro, así de real.
photo by marga ferrer

4 comentarios:

Anónimo dijo...

.

maRia dijo...

Uy. Ese anónimo soy yo. No sé qué he hecho.
:)
Quería decirte que es una pena sí.
Una pena que la gente tenga prejuicios de ese tipo. España ha sido un país de emigrantes.
La emigración hacia fuera de muchos españoles, ayudó en cierta medida a aupar este país, y contriubyó a que muchos de esos que miran de reojo y con recelo a los emigrantes, puedan vivir cómodamente.
La verdad es que cuanto más se mueve uno por el mundo, más cuenta se da de que somos todos iguales.
Para que lo entiendan los que no han salido de su propio mundo, es como decir que no todos visten la misma ropa, pero bajo las distintas etiquetas, la anatomía es igual.

AdR dijo...

Real, sí. Lo que puede cambiar en 13 años... Un texto con un arranque rítmico y una culminación estupenda

Óscar dijo...

María, tienes toda la razón. Si viajáramos más, los prejuicios se los llevaría el viento, la estela que dejáramos en nuestros desplazamientos, en nuestros encuentros y en los momentos de aprendizaje heredados de otras culturas.

Adr, gracias. Creo que está en nuestra mano cambiar el rumbo de la tolerancia para que no sufra el paso del tiempo.