lunes, 5 de mayo de 2008

Speakers


Los españoles somos muy dados a heredar costumbres foráneas con efusividad. Lo hacemos, además, sin complejos, hiperbolizando lo heredado por encima de su sentido original. De un tiempo a esta parte, uno de esos elementos importados del exterior es la figura del speaker. Como si se hubiera querido extender un lema similar a ‘ponga un speaker en su vida’, los organizadores de todo tipo de actos públicos cuentan con alguno de estos animadores o dj de la palabra como elemento indispensable para el éxito. Pero en lo que no caen, es que si interpones un ruido entre el espectador, el entendido, el aficionado o el exquisito de cualquiera de las disciplinas en las que se introduce la figura del speaker y el desarrollo lógico, recto e improvisado del evento, lo normal es que la realidad se distorsione hasta hacer insoportable lo que en un principio podía ser o siempre había sido un espectáculo.

Cuando un artista quiere compartir la letra de su canción con el público, ordena a los componentes del grupo que dejen de tocar los instrumentos para escuchar con la nitidez que merece el tarareo masivo del auditorio; es la culminación de un proceso que comienza con la publicación de un álbum, el aprendizaje de las letras de sus canciones, la asistencia al concierto y la reproducción de lo aprendido en compañía del resto de fans. Si introdujéramos el ruido del speaker en esta relación, el sentido del proceso musical se vería alterado hasta vaciar las gradas de los recintos.

Con todo, un partido de fútbol, un concierto de música, una feria agroalimentaria, etc. son blancos de su presencia, sin que la improvisación que caracteriza a la reacción de una masa satisfecha, insatisfecha, eufórica o expectante pueda reconocerse ya entre los alaridos de ánimo, las soflamas corporativistas, las reacciones ficticias y los aplausos de lata grabados en un cedé. Así, la euforia que desata el gol que decide un título queda enterrada por la canción de moda, por el grito insoportable de un aficionado a sueldo que intenta animar a las gradas desde su garita de dj de crecepelo como si no lo estuvieran y por los compases de notas musicales adaptadas a las circunstancias deportivas del momento. En definitiva, un nuevo lenguaje superpuesto al que marca la tradición o la jerga de cada disciplina que hace insoportable la exhibición de la alegría, la tristeza o la euforia del espectador.

2 comentarios:

maRia dijo...

Me preocupa que todo lo anglo-sajón acabe llegando a formar parte de lo español.
Me preocupa porque me veo sin curro.
:)
(English teacher).
:)

Óscar dijo...

Bienvenida, María. Creo que te gustaría leer algo que escribío al respecto hace un tiempo:

http://elblogdeoscardelgado.blogspot.com/2007/12/spain-is-same.html


Saludos, espero encontrarte por aquí de nuevo.

:-)