lunes, 16 de junio de 2008

De Madrid a Brooklyn


“Vamos claros, dije yo para mí; ¿dónde está el cementerio? ¿Fuera o dentro?... El cementerio está dentro de Madrid. Madrid es el cementerio”. Mariano José de Larra.

Aunque se convierta en sacrilegio literario, si sustituyéramos en la cita a Madrid por otra ciudad del mundo globalizado que nos toca vivir en el siglo XXI, cualquier persona a la que incomode la vida urbana podría dar la razón a Larra. No es el caso de Auster, quien en “Brooklyn Follies” erige un monumento al instinto de supervivencia humano en Nueva York, otro ejemplo de jungla asfáltica a la que muchos no irían ni de vacaciones. El autor norteamericano muestra un escaparate de los escenarios más incómodos, y cotidianos a la vez, a los que puede enfrentarse una persona: fracasos sentimentales, frustraciones laborales, disertaciones políticas, batacazos académicos, incongruencias religiosas, enfermedades a vida o muerte, amenazas mafiosas o conflictos generacionales.

Ingredientes todos ellos que salpican la vida de unos personajes unidos por el constante reto de reemprender su rumbo vital tras recibir bofetadas de realidad como las apuntadas. Una novela austeriana desde el inicio hasta el final, repleta de vitalidad, de lecciones moralizantes y de acción. Precisamente, el eje sobre el que gira esta acción es el protagonista a priori más débil, el más escuálido y rendido de todos, el que regresa a Brooklyn para fallecer después de haber superado un cáncer de pulmón y un divorcio. Nathan se convierte en el resorte de vitalidad que necesitan todos los que le rodean en una historia cariñosa donde las haya, sin lugar a la indiferencia, entretenida y fácil de leer, decorada a golpe de sorpresas que ayudan a mantener la incertidumbre de la trama hasta las últimas líneas.

Una lección de optimismo empolvada por la presencia de grandes clásicos de la literatura, filósofos y artistas de guardar puestos en valor por Auster a lo largo de su recorrido textual. Lectura recomendable para ubicarse en el contexto que nos toca vivir de crisis, de coyuntura económica desfavorable, de recesión o de desaceleración (que cada cual escoja su significante para referirse al mismo significado).
photo by somos

Auster, P.: Brooklyn Follies, Anagrama, Barcelona, 2006.

2 comentarios:

AdR dijo...

Yo creo que mi padre es Auster, en serio. No hay un libro suyo al que no me pueda rendir, salvo el último, ese Viajes por el Scriptorium que no acaba de llenarme. Un día de estos aparece una entrada dedicada a él en mi blog, ya la tengo escrita :)

Abrazos

Óscar dijo...

Pues tomo nota porque ni había oído hablar de él. Ahora ocupo mi tiempo libre leyendo a Juan Goytisolo, 'Señas de identidad'. A ver qué tal, también tendrás noticias cuando lo termine, a través de este mismo espacio.
Un saludo,

Óscar.