viernes, 6 de junio de 2008

Insbruck roja, Neuchatel ibérica


Mientras la selección española de fútbol ya está en Insbruck concentrada de cara a la disputa, el próximo martes, de su primer partido en la Eurocopa, otros equipos ya habían llegado a las capitales austrosuizas hace unos días con la inyección de moral previa practicada por sus respectivas aficiones. Como ejemplo, el país vecino peninsular, Portugal, arribó a Neuchatel cargado de vanaglorias, ánimos y vítores, aclamados como verdaderos ídolos en su país, recibidos por el presidente de la República y despedidos el pasado domingo por miles de compatriotas en un recorrido popular entre la capital y el aeropuerto lisboeta, concediendo unas imágenes parecidas a las obtenidas en España con motivo de la consecución, en 1998, de la séptima copa de Europa del Real Madrid. Ver los puentes, las calles, los coches tuneados de verde y rojo, la gente salpicada por el orgullo de sus jugadores, la satisfacción guardada en los vetustos balcones y rincones de Lisboa, las tiendas, las marquesinas y las marcas nacionales repletas de menciones a la selección, el ánimo de la gente revestido de los colores de su camiseta, los aplausos de ánimo sin cabida a la crítica, despierta una envidia sana y ofrece algunas de las claves de por qué España no consigue triunfar, futbolísticamente hablando, fuera de sus fronteras.

No hace muchas horas entré en un blog que analiza los condicionantes tácticos que pueden dirimir el papel de la roja en la Eurocopa; sin ir más lejos, anteayer sintonicé la radio con el pretexto de escuchar el parecer periodístico hacia la selección con motivo del partido víspera del viaje a Insbruck. Pues bien, me desoló la acidez de los comentaristas, listos para desenfundar balas de alto calibre contra los nuestros. El fracaso es colectivo o no es; la roja vaga por una senda constante de lamentos, impotencias, victimismo y desánimo popular con los que es muy difícil alcanzar el tan ansiado título continental o, en su momento, mundial.

Un repaso por Europa, un análisis autocrítico de nuestra afición, un curso acelerado de saber estar futbolístico y una buena dosis de sentimiento hacia los colores que nos representan fuera, significarían las dosis de voluntarismo necesario para que nuestros jugadores hubieran llegado a Insbruck con la responsabilidad de levantar el furor de la masa sonriente. Mientras tanto, no queda más remedio que sentir envidia sana por la forma que tienen nuestros vecinos de querer a su selección y esperar a ver dónde recala Cristiano Ronaldo la temporada que viene. Cultura de club más que de selección; saludos a Portugal y mucha suerte.
photo by somos

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Te invito a venir a Gijón. Sé que es un club pero para nosotros es nuestra selección. Además, mientras la Eurocopa se empieza a disputar con la liga en plena fase final... para mi ya puede ganar Portugal, España o Alemania. Me da igual!

Óscar dijo...

Gijón hoy será de primera y no te quedará más remedio que ver la Eurocopa para analizar el mercado de fichajes de cara a la incorporación de futuras promesas continentales a las filas del flamante ascendido.