sábado, 12 de julio de 2008

Le Tour Beltrán


No sé cómo se ha producido esta vez, no sé si el mono provocado por la tradición drogadicta ciclista impide la recuperación de un deporte condenado a entenderse en sesiones televisivas de enganchados anónimos. Quizá el ciclismo necesite esconder, como antaño, los casos de dopaje; que haga, como siempre hizo, la vista gorda ante los positivos de un pelotón dopado que sobrevive gracias al voluntarismo de patrocinadores escépticos.

Ahora le ha tocado al Triki Beltrán, profesional desde 1995, con una trayectoria sentada en los sillines de Banesto, Mapei, Coast, US Postal, Discovery y, hasta ayer, Liquigas. Positivo por EPO, siglas oficiales de un deporte cuyos profesionales siempre han estudiado de cerca el listado de sustancias prohibidas oficial para engancharse a las que no constaban en el mismo, cuyas gestas se quedarán siempre bajo la sombra de la sospecha, cuyos campeones habrán perdido su condición de deportistas, cuyo currículo deja un cerco de desaliento cuando se piensa en el resto de disciplinas deportivas de alta competición.

Elite, pedales, ruedas; sangre del revés, cáncer, alergias o asma. Cualquier pretexto es bueno para sobrevivir en Le Tour Beltrán, Le Tour conard.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Leído.... :) muak.

Anónimo dijo...

A Riccó lo comparan con Pantani, algo que a él mismo le encanta. El ciclismo se construye a base de alimentar las figuras de barro de ídolos drogadictos, esquizofrénicos que al finalizar su carrera deportiva terminan desquiciados y suicidados. Como Jiménez, Ocaña, etc., etc.

Porca miseria