jueves, 10 de julio de 2008

Picapiedra y ficus


El olor es el mismo, las calles se han aburguesado, las tiendas se han revestido de tendencias vintage, los anarquistas continúan buscando el techo de la plaza del Tossal, la gente mira de reojo al Carmen en julio cuando se arrejuntan en la Malvarrosa. Muchos aprovechan para darse baños de sol al escondite de la crema protectora, paseos bohemios por rincones constantemente reciclados, afterhours de día, cierres de noche, Líbano, India, Marruecos, absenta, cáñamo, contrastes. Señoras vestidas con chancletas y bata de casa en la frutería, el pagès que dejó la huerta hace tiempo, el gay con derechos, la piña de la convivencia en calles empedradas por viñetas imposibles.

Del Picapiedra al del ficus, recorrido habitual que no hace muchos años, nueve, emprendían veinteañeros librepensadores, trayecto de botellines de aliento. Hoy ya no pueden, el ficus se ha ido; como si a Pedro le hubieran quitado a Vilma y no supiera a quién gritar; como si Scooby no tuviera a Shaggy para caerse muerto de miedo en sus brazos. Los cambios es lo que tienen, perjudican seriamente la salud de los rutinarios o de los que vuelven al lugar de los hechos para rescatar la vida perdida o de los que, sin más, prefieren que el tiempo se detenga, aunque envejezca.
photo by marga ferrer

2 comentarios:

Anónimo dijo...

La verdad es que siguen y seguiran habiendo bohémios.. y yo creo que soy una de tantas. ya sé que se tiene que progresar y adaptarse cada dia a lo nuevo, pero.. reitero que como yo seguro que hay mucha gente. con un ojo se mira lo nuevo y el futuro en progresión y con el otro se mira hacia atrás para ver si aún queda algo de lo que era....
tres muaks, uno al pompón pelado, otro a la jaly (pompón pequeño) y otro al gigante... :)
del pompón grande. :)))

Anónimo dijo...

lo ideal sería que la nostalgia no existiera.
kikante