viernes, 4 de julio de 2008

A por A.


El taconeo torpe de sus pasos desvelaba que Ana ya estaba en casa. Yo había preparado una fiesta impresionante para derrocar mi timidez, estaba todo previsto para dar el salto, para asomarme a esos ojos verdes mirados mil veces de refilón, sin la seguridad del playboy, como el torpe sempiterno amigo del piso de abajo, ése al que cotillear andanzas nocturnas, desdichas laborales y reglas dolorosas. Quería dejar de ser yo, había decidido besar sus labios, repasar el tacto de su nuca con mis falanges sudorosas, olfatear su pelo hasta apreciar el polen contagioso de su olor, sentir el aliento de su saliva, dibujar con el mejor repertorio de palabras el castillo de mis sueños a la princesa del tercero. Incienso, cirios pecaminosos, copas de bohemia, champagne francés, frambuesas, acid jazz, telas egipcias, pasteles de cacao, mantel de seda, caramelos, canela, fantasía. Mi casa convertida en una mansión excitante donde el placer y la lujuria podrían campar a sus anchas si la conquista triunfaba como las expectativas.

Subo a poner en práctica el plan. Ding, dong. Hombre Juan, qué sorpresa, ¿necesitas algo? Sí, que bajes un momento conmigo, tengo una invitada especial y me gustaría saber si te gusta cómo la voy a recibir. Claro, espera dos segundos, voy a coger las llaves. ¡Madre mía!, no sé quién será la afortunada, pero vaya suerte. Eres tú, ¿cómo?, eres tú, Ana, tú. ¿Qué dices? Me parece que estás confundido, que te trate educadamente no significa que vayamos a follar, ¿comprendes? No, no lo comprendo. Estoy cansado de que me tomes por el pito del sereno, de que sea el vecinito, el tonto, el saco de boxeo de tus desdichas y alegrías, me gustas Ana, me encantas, y esta fiesta es para ti. Pues lo siento, qué rápido caéis en la confusión los hombres. No me gustas, y esta fiesta es para alguien que sienta algo por ti, yo no. Juan pensó en un contundente “que te den Ana, vaya princesa de pacotilla, vergüenza me daría” pero se despachó con un beso en la mejilla pidiéndole disculpas.

El amor, esa extraña manifestación de deseo y de atracción entre dos individuos que nunca comparte descansillo.
photo by somos

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Por si acaso...
http://www.que.es/asturias/noticias/un-ascenso-de-bigotes.html
o en www.que.es

Anónimo dijo...

desde luego que real... que díficil es! que te quiera quién quieres, y de querer al que te quiere... pero en fín aveces sí pasa... no siempre, pero por lo menos uno se hace ilusiones,como el pobre enamorado de tu relato que menudo chasco se lleva después de prepararlo todo tan minuciosamente,pobre ilusión equivocada.......
la jaly. muak.