miércoles, 16 de julio de 2008

Protocolo


Como manda el sic, llega a la fiesta a la hora convenida, con esos tres minutos de más, vestido con el traje de gala, sin aspavientos, sonrisa equilibrada, sueño por dentro. Cinco saludas, veinte metros recorridos en nueve minutos, ocho ‘no gracias’, ningún beso en la mejilla, doce manos estrechadas, de las cuales cinco dejan un cerco de sudor en su palma impoluta, lo suficientemente desagradable como para acudir al comodín del servicio.

No, no, usted primero, pase por favor. Orina sin mirar al de al lado, se lava las manos por si su acompañante se fija en si no lo hace, aunque sabemos que por esta vez se las iba a lavar de todas formas por la cuestión del sudor ajeno en la mano, que ya se ha dicho. Mira de reojo, se mesa el cabello, se limpia la comisura de los labios, coloca hacia la izquierda su órgano sexual con disimulo, cuestión de ergonomía íntima, sitúa la botonera de la camisa a la altura de la hebilla del cinturón y sale de nuevo al salón.

Malditas fiestas de postín, piensa mientras eleva las cejas en un gesto reflejo al ver al socio del amigo de aquel señor que tan bien se comportó cuando las acciones dibujaron un diagrama del miedo. Jajás, sonrisas de chequera caliente, preguntas lanzadas con la seguridad vacía que requiere la situación, diecinueve tarjetas de visita intercambiadas, conversaciones sin fondo, mentiras piadosas, lagartos y lagartas. Lo que manda el protocolo, vamos.

P.D.: ¿Por qué?
photo by somos

2 comentarios:

Anónimo dijo...

tu mismo lo dices... cuestión de protocolo. pero vaya aburrimiento... no hay como una reunión liberal e informal,verdad?... muuuaaaak.la jaly.

Óscar dijo...

Ya todo está tan organizado que no merece la pena organizarse para ser organizado.