jueves, 14 de agosto de 2008

Brújula de recuerdos


Dick Farney, All the way, madrugada de un día cualquiera de agosto. La televisión, encendida para los gatos, proyecta un foco de luz azulado sobre el gres rústico, que difumina la imagen hasta romperla de sentido. Espejo de sueños de mirada perdida, elucubraciones de noctámbulo escondido en el redondeo de la brújula de los recuerdos, sin la presión de la conversación no deseada, sin el ruido de nada por encima de la música, con el ronquido suave, fugaz y tierno de Trankos, tranquilo, quieto, fanfarrón de la noche en compañía de la soledad íntima de su amo.

Las letras suenan como si fueran escritas por una antigua Olivetti. Quizá sea culpa de Bud Powell, que acaba de entrar en escena tras un cuidadoso fundido con su compañero de viaje musical. No hay nada como mezclar momentos, agitarlos hasta crear una nueva versión, la actualizada, esa cara inédita del instante recuperado a tiempo. Cuando pienso en escribir sobre los temas que asaltan mi deambular por esta vida de planos difusos, sonrío. Hasta que corto, dejo de escribir y entretengo el navegar de sensaciones con la lectura de cuestiones ajenas, el visionado de luces menos predominantes o el zancadilleo a las negras formas que nacen de la incertidumbre.
photo by somos

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