viernes, 8 de agosto de 2008

El juego de las apariencias


Se ha escrito mucho en este sitio sobre cotidianeidades, pero nunca se ha abordado el sentido de la vida y de la muerte a la vez, las dos caras de nuestro sino, el papel que desempeñamos mientras vemos, oímos, olemos, tocamos y escuchamos, lo que dicen de nosotros, lo que esperan de nuestro rol social, lo que nos toca vivir bajo el techo que el destino nos ha dispuesto y el instante en que dejamos todo y decimos adiós. Es cierto que son generalidades, pensamientos abruptos al alcance de cualquier mente, no es necesario ser un sicótico, un anacoreta, un depresivo, un esquizofrénico o, sin más, una persona normal para plantearse los porqués del destino. Las circunstancias ordinarias que rodean nuestra existencia tradicionalmente han sido objeto de ironía fina, de filosofía barata, de excremento racional, de argumentaciones profundas y de historias escritas. La elegancia del erizo es una novela que aglutina todas ellas con un resultado inesperado.

A priori, La elegancia del erizo se postula como una encantadora novela que aborda la rutinaria vida de una finca de vecinos ricos y las falsedades que rodean su convivencia en el número 7 de la calle Grenelle de París. Conforme el lector navega por el contenido de la exitosa novela de Muriel Barbery, el escaparate de autenticidad incrementa su intensidad al albur de diálogos propios de manual de filosofía social aplicada a las rutinas de una portera, a los fantasmas de una niña de 12 años y al de unas mascotas que viven, comen, se reproducen y mueren sin la consciencia del sentido de sus acciones. Gente estereotipada que lucha por romper los roles que su entorno les presupone. Así, la portera es una inquieta devoradora de productos culturales que se coloca la careta de portera siempre que los ricachones de la finca recurren a ella; la niña de 12 años es una superdotada que se hace pasar por una niña de su edad para no deprimirse en el hecho de la distinción en sí misma. Ambas se conocen tras la llegada de un hombre misterioso, por nuevo, a la finca. Un personaje devorado por los cotilleos –los ricos también especulan y juegan al qué dirán- que sobrevienen a sus incursiones por el ascensor, el descansillo o la portería.

Barbery intercala en su particular versión de la vida y de la muerte grandes dosis de sarcasmo, excesivo marco teórico en algunos pasajes, una descripción precisa de los pensamientos que sincronizan los personajes en sus diálogos, esto es, lo que dicen y lo que deberían haber dicho y no dicen, y una resolución original, intensa y, sencillamente, hurgadora del lado más sentimental del lector.
photo by somos
Barbery, M.: La elegancia del erizo, Seix Barral, Biblioteca Formentor, Barcelona, 2008.

5 comentarios:

María. dijo...

Es curioso porque me lo recomendó una amiga hace poco. Tendré que leerlo.
Seguiré pasando a la vuelta. ¡Buen verano!

Óscar dijo...

Igualmente, siempre bienvenida. Saludos

Anónimo dijo...

kikante!! con lo que has descrito parece un libro de lo más interesante. :)
supongo que lo invitas a leer.
muaak.

Anónimo dijo...

Y ahora qué... la medalla de oro cuenta o como es un yonki no vale para nada...
Toma YA SAMU!!! Oro asturiano

Óscar dijo...

La medalla cuenta, lo que no cuenta es el preceptivo apoyo de las autoridades al dopaje, la vista gorda de la que hacen gala y el cinismo que les caracteriza cuando se trata de celebrar un éxito. Por cierto, Lissavetsky hoy estaba en el baloncesto mientras un auténtico campeón, el primer español en la historia en ganar una medalla en esgrima, completaba una exhibición.