lunes, 4 de agosto de 2008

La tienda de discos


Regresó a su ciudad natal diez años después, con el dinero de su primera nómina, soltero, sin compromiso y deseoso de recorrer los rincones de su adolescencia, aquellos lugares en los que comenzó a tomar decisiones sin el beneplácito del consejo paternal, donde se equivocó hasta decir basta, donde se emborrachó, recibió su primer morreo y vomitó sin contención. Quería pisotear las esquinas que lo vieron cruzar cada viernes por la tarde, las bocas de metro donde esperaba la llegada del amigo impar, el bar de los bocatas de calamares, los minis de cerveza y los chupitos de tequila con sal marina servida por el mismísimo diablo. Tenía el dinero que le faltaba por entonces pero estaba solo, sin nadie con quien masticar el recuerdo de su época dorada, la de la despreocupación, la gomina sin medida, el pase de la discoteca de moda, el relaciones públicas, el reservado, el cointreau con piña.

Tenía dinero, pero estaba solo. Nadie sobrevivió al cambio de compás, como mucho quedó alguno enganchado a la vida familiar de hipoteca, letras, plazos y centros comerciales. Él huyó a tiempo, aunque ahora le tocaba recorrer la zona cero sin nadie. De repente, una bombilla le iluminó el cerebro. Como poseído por un brote de impaciencia, aceleró el paso, encendió su sentido de orientación poco actualizado, se perdió entre fincas del desarrollismo feroz del ladrillo, rodeó neones de nuevo cuño, pisó alfombras heredadas de Broadway, percibió acentos multilingües, escuchó voces diferentes, cierres sin persianas, peluquerías, almacenes orientales, fruterías, edenes de telefonía, locales de gadgets, cafeterías empaquetadas para llevar, refugios de adivinos… ¿Y mi tienda de discos? Quería gastarse en música el dinero que nunca pudo dilapidar cuando era púber pero su oasis musical había desaparecido, engullido por los itunes, los mp3, mp4, iphones… Tenía dinero, pero no era consumista, era auténtico.

Una lágrima fue la herencia que dejó en el asfalto de una ciudad a la que no regresaría jamás.
photo by somos

2 comentarios:

Peristilo. dijo...

Algo parecido me ocurrió a mí, en otro contexto, no consumista, claro, algo parecido en el plano existencial. Una sensación opilante. Me ha gustado el microrrelato, tan extrapolable.
Tal vez retome esto de los blogs tras el verano.
Un saludo.

Óscar dijo...

Esperamos ansiosos ver reflejada esa circunstancia existencial bajo la forma de relato en su blog. Gracias por su visita.

Saludos