martes, 19 de agosto de 2008

Mojácar, entre dos siglos (y II)


Mojácar nos acogió bajo un aspecto bohemio, empinado, laberíntico, blanco, como un gran barco anclado en la sierra que vigilaba la costa, sin edificios que estorbaran su contemplación desde cualquier punto. Una costa salvaje, limpia, con cuatro chiringuitos con sonido jamaicano y un parador poco anunciado en los mapas de situación. Allí nos quedamos hasta que pasaron las tres semanas reglamentarias antes de regresar al Madrid de los setenta, a la ciudad dormida, al otoño capitalino.

Hoy volvemos y no es lo mismo. El pueblecito late a un compás moribundo, a punto de yacer rendido ante el ensanche playero de las últimas décadas. Escritores, pintores, hippies, artistas… eligieron Mojácar, pero se han ido de allí, a Bédar quizá. Pocos son ya los que suben tras pasar el día entre piedras, arena, caracolas, conchas y caballitos de mar. Nadie se acuerda de que en sus calles antes se vivía la noche como espejo de tradiciones compartidas con Ibiza; mercadillos improvisados de artesanos de la vida, tiendas exóticas abiertas hasta que las copas pedían paso en sus terrazas de insomnio, saludos campechanos entre lugareños y foráneos, familias enriquecidas por el rojo del sol disfrutando de cuestas con olor a gayomba y jazmín, reminiscencias fenicias y árabes a disposición de paladares sedientos en la fuente legendaria, posada de paseantes en busca de agua, oasis entre ficus, cactus, palmitos, pitas y arena. Hoy Mojácar muere, suavemente, muere.

5 comentarios:

maRia dijo...

Lo único que conozco de Andalucía es precisamente Mojácar.
Pasé un día inolvidable allí hace años.
Precioso lugar.

Óscar dijo...

Esperemos que no terminen con él, o ella, quién sabe qué genero hubiera preferido escoger si le hubieran dado a elegir...

Bienvenida. Saludos.


:-)

La Vía Láctea dijo...

De la costa andaluza sólo conozco Nerja y la conocí en un día nublado de septiembre en el que me enteré por teléfono que había terminado la carrera de periodismo y en el que la pareja con la que iba discutió tormentosamente mientras yo me dedicaba a caminar sólo por la ciudad. Mi recuerdo de Nerja, por lo tanto, se confunde con los otros dos acontecimientos.

Anónimo dijo...

ooooohh.Mójacar... hemos estado allí una vez y la verdad es que nos encantó! volvería ahora mismo!!
muuak.

Óscar dijo...

Pues ya sabéis, quedan ustedes convocados al todavía reducto de tranquilidad indaleña. Saludos