viernes, 29 de agosto de 2008

Sabores


Miro de reojo a fulanito y me gusta analizar cómo saborea un producto que a mí me sabe a gloria, o fatal. Si cruza la mirada con la mía y se da cuenta de que le observo mientras él saborea lo observado, su comportamiento pierde naturalidad y el análisis antropológico es erróneo. Es una pena, pero es difícil observar a la gente sin el ánimo de ir más allá que de la propia acción de observar. Tendemos a pensar mal, a dejar de ser nosotros ante intromisiones ajenas mal interpretadas, quizá por el defectuoso uso que de la observación hace la gente que peca de ser demasiado cotilla.

Vuelvo a los sabores porque es de lo que versa el escrito. Aquí ya se ha hablado de otros canales evocadores, como los olores o la música, pero el gusto ha carecido del protagonismo que merece. No sé si las cosas saben a lo que huelen o cada persona interpreta una explosión gustativa diferente. Por eso me gusta analizar las reacciones de los demás ante lo que para mí es un manjar o ante la peor de las viandas con las que podrían regar mi paladar. Miradme, mientras escribo saboreo un palito de cangrejo fresco, como si fuera un caramelo, hasta que lo dejo sin sustancia y lo mastico. Su sabor me conduce a momentos compartidos, a una tabla, a un mazo, a avellanas, nueces y almendras, a aperitivo, a la salsa rosa del marisco sin chapapote, a cerveza antes de vino, a sobremesa larga, a película en el salón, a música folklórica, a risas y a besos cariñosos.

Aunque, ¿a qué saben los recuerdos sin alimento o bebida que nos conduzcan a ellos?
photo by somos

1 comentario:

AdR dijo...

Estoy lleno de sabores. Yo creo que existen porque nosotros existimos y estamos ahí para verlos

Abrazos