sábado, 30 de agosto de 2008

Suerte


Durante los días que pasó fuera de casa, la palabra suerte le rondó de cerca en numerosas ocasiones, cualquier persona anónima con la que compartió codo en tabernas, bibliotecas, calles y terrazas pronunció sin tapujos las seis letras del vocablo afortunado sin que en un principio se diera cuenta de tal coincidencia. Era una delicia estar rodeado de tantas expectativas depositadas en la informe suerte, escuchar la confianza hecha frase en preludios de reencuentros con el círculo que le condujo hasta allí.

La suerte le persiguió hasta que, sin querer, tropezó con él. Eran las tres de la tarde, el sol vigilaba los adoquines del centro, doraba cocorotas alopécicas y disimulaba su exigencia entre las hojas de un negrillo estratégicamente situado en el centro de la plaza del ayuntamiento, cobijando a los valientes que comían a la sombra renoiresca de su copa, alimentada por cigarras acaloradas y por gorriones prevenidos para aterrizar en alguna mesa distraída y cazar el sustento diario. Tropezó la suerte con él, digo, cuando se levantó de la mesa para pedir otra cerveza al camarero que, distraído, no había advertido los chasquidos de dedos del interesado. Mientras el sediento iba en busca de su bebida, la suerte se acercó disimuladamente a su mesa para leer un fragmento del libro que quedó reducido a migajas tras el estruendo que rompió la escena.

Se libró. La mesa en la que comía fue aplastada por una de las ramas más antiguas de aquel árbol traicionero. Su suerte se evaporó a tiempo y él tragó sin dar crédito. Aplaudió, sacó un pañuelo del bolsillo y lo restregó contra su frente abrumada. No volvió a ver la suerte de cerca, tampoco le hizo falta.
photo by somos

4 comentarios:

Peristilo. dijo...

¿De qué libro se trataba?

Óscar dijo...

El libro es la anécdota que amortigua la suerte, pero cualquiera menos uno de autoayuda.


:-)

Saludos

Anónimo dijo...

ya lo creo ya, que no volvió a ver la suerte.......
muak.

AdR dijo...

Genial :) Y que no sea de autoayuda más :)