sábado, 13 de septiembre de 2008

120 rpm


Tomo como referencia la línea de un horizonte de aluminio, el soporte de aquella ventana de climalit que decora el patio de luces que vislumbro a duras penas a través del ojo de pez por el que miro. Volteo el corazón a 120 revoluciones por minuto, las retinas escuecen y las sienes parecen estallar, pero quedo a salvo al retener la mirada en ese metal paralelo a mi tortura, distorsionado a golpe de energía centrífuga o centrípeta, nunca aprendí bien los conceptos de la física. Los pies, dormidos; las nalgas, prietas; los brazos, encogidos de asfixia, los 20 dedos, arrugados; los genitales, desaparecidos, no los noto, rotos quizá. Quiero alzar la voz pero, al intentarlo, trago centímetros cúbicos de impurezas, elementos químicos de cuyo nombre mejor no acordarme, aunque esta materia tampoco se me dio nunca especialmente bien. Pasan dos, cuatro, ocho minutos sin que pierda la consciencia hasta que percibo sobre mi espalda, raquíticamente escondida, una sustancia viscosa que devora mis entrañas. No, no estoy en un sarcófago relleno de escarabajos carnívoros, ni en la caja mágica de un ilusionista. Me quedé anclado en un sueño del que he conseguido salir hace poco, el tiempo que tardé en abrir la tapa de la lavadora y respirar hondo.
photo by somos

6 comentarios:

Anónimo dijo...

Me he liado pensando que hablabas de martillazos mentales.
Creo que lo leere otra vez.

Anónimo dijo...

Me he liado pensando que hablabas de martillazos mentales.
Creo que lo leere otra vez.

AdR dijo...

Es como estar en el vientre de una madre y luego salir, ¿no? :)

Abrazos

Anónimo dijo...

¿Cuando saliste habia lentenjas de menu?.¿A que no has probado las lentejas gratinadas?.

saludos.

Óscar dijo...

Adr: la memoria no me alcanza a recordar lo bien que deberíamos estar en el vientre de la madre que nos parió. Pero seguro que esa experiencia fue más agradable que la de sentirse engullido por una máquina traicionera, engullidora de conciencias, mecánica, sin sueños.

Anónimo primero: la interpretación que le des siempre será válida, para eso están los escritos.

Anónimo segundo: conocí un gran sitio donde comer lentejas de menú pero ya no existe porque ha sucumbido a los encantos de la especulación urbanística, que devora en tiempos de crisis casas viejas de pueblos del interior. Y no, no he probado lentejas gratinadas, de hecho es la primera vez que oigo hablar de ellas, ya nos contarás, si quieres, la receta.

Saludos a tod@s

Anónimo dijo...

En realidad ese comentario era para adr.
Me ha encantado que respondieses con esa naturalidad. Es como si pensaras que nada esta fuera de lugar.

saludos.