domingo, 28 de septiembre de 2008

Bocadillos de otoño



Me arropo, el cielo nublado cae con frío otoñal, huele a húmedo y ya no hay cucarachas. El calor, como el verano, quedó relegado a una playa imaginaria donde aún bucean los cangrejos y la vida se contempla en cinemascope turquesa. Los gatos encuentran acomodo en mi regazo, sobre la colcha que heredé de casa, en la que algún día dormí con dientes de leche. Quince grados centígrados como mucho, regueros de agua fina, charcos de chapoteo infantil, la música de 2001 y la melancolía permanente del discurrir granítico en urnas de cristal, diábolos que marcan la vejez, objetivo inesperado de todos. Meto los pies en el balde de la abuela, que ha calentado agua en la cocina antigua, con leña de encina y termostato hirviente. Le ha puesto sal gorda, el spa del pasado, el relax de pueblo, la vida ecológica que tanto etiquetamos hoy y vendemos a precio de armani. En una taza, nata de vaca, sacada de una cazuela de porcelana con una caries negra en la base, de algún golpe quizá. Apoyo las manos sobre un hule decorado con el mapa peninsular, ilustrado con gitanas, toros y castañuelas, un poco pringoso del uso, salpicado de cicatrices marrones de cigarros olvidados. Un tic tac de despertador prehistórico tararea los silencios entre canción y canción, apoyado sobre una nevera fagor de cuatro estrellas que resiste sin resaca la masiva incorporación del sistema no frost a la sociedad.

Cierro las tapas del tebeo y me sorprende encontrar la estampa relatada en su portada, roída por las esquinas, abierta hasta ver el cartón gris sobre el que se apoya el plástico dibujado. Mi sombra proyecta un apéndice tumoral elíptico, una nebulosa que rompe el terrazo rústico de la estancia. Nadie lo diría, son bocadillos de pensamiento otoñal que simplifican la inmersión en trozos de nostalgia, viñetas que reconstruyen momentos.
photo by somos

1 comentario:

Anónimo dijo...

si señor, esto és un buen relato.
:) muak.