sábado, 20 de septiembre de 2008

Chapas


¿Me puede dar chapas? Cógelas tú mismo, pasa, las ponemos todas aquí. Gracias, ¿tiene una bolsa? Qué diablos sois, siempre la misma guerra con las chapas. Venga, toma, y déjame atender a los clientes, que me vais a buscar la ruina. Equipado con medio centenar de nuevas chapas corre a casa para convertirlas en ciclistas campeones y en futbolistas habilidosos. Tiene la manía de olerlas antes de comenzar su transformación. Las de bitter son sus favoritas, quizá porque pesan más que las otras y ganan en estabilidad, aunque puede que el olor sea la clave. Le gusta imaginarse quién habrá pedido las bebidas, con quién iría acompañado, por qué pidió un Trina y no una Fanta. Dibuja siluetas de pensamientos infantiles con aspiraciones adultas, sueña con ser él el que, algún día, acumule las chapas de sus propias botellas, de las que compre con su sueldo o de las que reciba como regalo de empresa.

Imagina mientras sincroniza movimientos mecánicos trazados como un autómata en una cadena de producción. La moneda de cinco duros para delimitar el corte adaptado a la circunferencia dentada de la chapa, la regla para trazar dos líneas paralelas en la mitad del círculo resultante que dé cobijo al nombre del campeón, la parte superior para dibujar el dorsal del futbolista o el del patrocinador del ciclista; la inferior, para los colores del calzón o ciclistas de sus ídolos. Un trabajo manual al que preceden horas de visualización de partidos y etapas, la anotación de nombres y dorsales y la memorización de marcas, vestimentas y hazañas.

Los porteros necesitan un tapón de Coca Cola o de Casera para sostener los garbanzos (balones) que llegan a sus inmediaciones; los ciclistas dosis de dopaje en forma de plastilina camuflada bajo el dorsal para aguantar las largas etapas por las macetas de hormigón del barrio y los embarrados recorridos de montaña por el parque infantil. Alfombras como campos de fútbol, envases de margarina para las porterías, pinzas y redes de bolsas de patatas para amedrentar a los ultras. Has tirado tú antes, me toca a mí, no vuelvo a jugar contigo, qué mal perder tienes, se lo voy a decir a Carlos, has perdido, vaya paliza, queda la revancha, me voy a merendar, hasta luego, nos vemos en clase.
photo by somos

4 comentarios:

AdR dijo...

Qué tiempos aquellos :) Ni consolas ni videojuegos :)

Yo tambíen solía hacer pinballs con las chapas.

Abrazos

Óscar dijo...

¿Y a que los piques con los adversarios eran más reales que los de las consolas de hoy?
:-)

Saludos

AdR dijo...

Totalmente :) Imaginación y realismo al poder.

Abrazos

Óscar dijo...

Preparo la segunda parte del escrito, para la cual encontrarás una sorpresa nostálgica en la foto que lo acompañará.

:-)

Saludos