miércoles, 10 de septiembre de 2008

Crisis dialéctica


Desde que entramos de lleno en la mal o bien denominada crisis, la nomenclatura es lo de menos, hemos asistido a la consiguiente pugna paralela de escaparates dialécticos entre los dos partidos mayoritarios que salpican la actualidad en España. Habrá recesión, no la habrá, vosotros hacéis lo que nosotros cambiaríamos, medidas de urgencia aprobadas a golpe de titular, consejo de ministros extraordinario y la comparecencia de Zapatero en el Congreso de los Diputados para informar sobre la situación de la economía española, las medidas adoptadas por el Gobierno y la creación de empleo. Una realidad idílica a los ojos de los correligionarios de cada una de las dos tendencias políticas mayoritarias, que encuentran en el escenario público actual un tatami propicio para resolver sus diferencias con la garantía de vestir sus argumentarios con las mejores galas, las que convencerán a jefes de gabinete, a militantes, a compañeros de partido y de sueldo, a propios pero no a extraños.

Las medidas son eficaces en cuanto que ayudan al que las anuncia a respirar después de que el titular insinuado salpica de hecho las portadas de los periódicos. Desde el momento en que uno de los dos adversarios principales consigue ganar la guerra mediática, la que les saca guapos o feos en los medios de comunicación, el contenido práctico de las aseveraciones, el que puede afectar al ciudadano, se embarca en un proceso lento, interminable, lleno de especificaciones, concreciones, salvedades y excepciones que hacen muy difícil que las medidas contra la crisis del Gobierno o las propuestas para paliar el difícil momento económico que atraviesa España llegadas desde la oposición puedan servir de algo o ponerse en práctica.

Asistimos, pues, a una crisis económica alentada por un peor momento dialéctico en política que mina la credibilidad del mensaje. No se trata, tampoco, de defender un intervencionismo del Estado en nuestra economía, con lo que ha costado dejar que el mercado actuara desde su concepto de libertad, pero si se adoptan medidas, éstas deberían ser pragmáticas más que teóricas. Ejemplo: Zapatero anuncia un aumento del presupuesto de 24.000 millones de euros hasta 2010 para que las pequeñas y medianas empresas incorporen las nuevas tecnologías, inviertan en producción o los emprendedores tengan liquidez para iniciar su actividad empresarial en época de crisis. Suena bien la música, pero la letra dicta que los bancos son los encargados de distribuir las ayudas estatales al albur de condiciones que benefician la piratería de productos financieros propios sujetos a condiciones que se alejan de la facilidad y de la rapidez con la que se prometen los beneficios para el pequeño empresario.

La tercera acepción de ‘dialéctica’ que recoge el Diccionario de la Lengua Española contempla que es “la capacidad de afrontar una oposición”. A buen seguro, ese parece ser el único fin del ruido político que percibimos para hacer frente a la crisis.
photo by somos

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Leo lo de la denominada crisis,y recuerdo años y años firmando contratos de obra.
Tambien lo de que Valencia es naranja,aunque no siempre.

Óscar dijo...

Interesante unión de conceptos referidos, dichos y sin decir.

Saludos.