jueves, 11 de septiembre de 2008

De color marrón


Salgo a la calle con el disfraz de persona raramente reconocible al primer golpe de vista. Lo hago para ser el espía que siempre dibujé, o al menos el invisible cotilla que no es cotilla porque nadie cae en la cuenta de que lo es. Desde mi nueva posición, camino a un ritmo pausado, en actitud contemplativa, despacio, sin la prisa de las urgencias del peligro de ser visto, como un ente sin ropa de marca, vestido de cotidianidad improvisada. Como no llamo la atención da igual si me tropiezo con el peldaño de siempre, es intrascendente si cojeo a sabiendas, o si sólo piso las baldosas de color rojo para evitar cumplir supersticiones dibujadas en mi imaginación. Por un día soy libre de reírme de mí mismo, de hacer el payaso sin miedo a proyectar una sombra ridícula, de bailar como un alelado la música que llega desde el vecino del número 30, sexto piso, puerta C.

Salgo a la calle con el disfraz de persona normal. Por mucho que se quiera, nunca llueve al gusto de fantasías bronceadas por la libertad de no ser el cliché que esperan de uno. Adquiero una tonalidad marrón que me une a la masa, a la misma que pertenecemos los que queremos y los que no. Seguro que nadie eructa tras ser engullido gustosamente por todos los que la componemos, nadie.
photo by somos

3 comentarios:

AdR dijo...

Las ciudades... tienen algo que nos despersonalizan o vuelven marrones, o grises.

Abrazos.

Óscar dijo...

apáticos, tristes, egoístas, envidiosos, energúmenos, insolidarios, justicieros, crueles, desorientados...

Sí, la ciudad nos transforma, nos consume, nos deshumaniza.

Saludos

Anónimo dijo...

Me han encantado las fotografias del blog de Marga Ferrer.
Adr, ¿podria visitar tambien el tuyo?.
No recuerdo que contraseña puse.