martes, 9 de septiembre de 2008

Espejo maldito


Buenos días, me digo y no respondo frente al espejo una mañana cualquiera. Acumulo saludos silenciados sin que el retrato que se aproxima a mi persona sea capaz de hacer un gesto distinto al que mi cerebro le imprime. Nos ponemos serios, el ceño fruncido, cierro los ojos y no veo si mi yo reflejado sigue siendo fiel a mi compostura. Me acerco y detecto novedades, arrugas nuevas quizá, o diez pelos menos. Mejor no pegarse mucho, mantener el papel de analista impertérrito, el de narcisista anónimo sin vocación de exhibirse, el de eterno niño malcriado.

Vaya, se ha fundido la luz del espejo y ahora veo sombras que antes no vislumbraba. Un halógeno cenital proyecta mi lado más deforme, el más siniestro, ojeras de miedo, pesadillas de pánico vital. La existencia avanza más rápido según la luz que apliques a tu reflejo. El mío se ha marchado a mirar hacia otro lado, está en huelga hasta que mi yo natural quite de en medio ese haz maldito que le hace ser viejo, calvo, rugoso y cadavérico. Apagad la luz, que el tiempo se escapa y perdona menos.
photo by somos

2 comentarios:

AdR dijo...

Por un momento creí que me estabas retratando fielmente

Abrazos

Óscar dijo...

Es que hay espejos que reproducen estados de ánimo más que reflejos...

:-)

Saludos. Siempre bienvenido.