lunes, 1 de septiembre de 2008

Ranas de retorno


La estrechez de miras a la que conduce la aplicación de rutinas laborales en el ámbito del periodismo prevé una agenda profética de acontecimientos que después nunca se cumple. En invierno, lo suyo es alertar a la población de temporales que traen bajo el brazo a yetis de las nieves; en verano, las olas de calor sahariano son un clásico difícil de borrar de la psique de sus responsables vacacionales; en otoño, las lluvias diluvianas convertidas en plaga apocalíptica son recurso informativo notable en zonas donde llueven ranas por decreto; en primavera, los pólenes se visten de Colombo, con gabardina y todo, para asaltar por las aceras a la ciudadanía que osa, a pesar de las noticias contrastadas que alertan de altos índices de agentes alérgenos, salir a la calle sin gafas de sol, mosquetón, casco, colirios de todos los colores y cazamariposas.

Dejo para el final las operaciones retorno. Desde primera hora de la mañana, el día de regreso oficial de vacaciones, de algún puente o acueducto de guardar, los medios de comunicación tienen que buscar la imagen o el sonido de la carretera de turno atascada. La profecía dicta que hay atascos y punto, aunque no los haya. La estrechez referida se acota aún más si cabe si los responsables de cumplir el vaticinio no se dan cuenta de que si queda desmentido es noticia en sí mismo. Es decir, una operación retorno sin atascos en las carreteras tendría que ser información de portada en vez de empeñarse en encontrar en cualquier rincón la manera de acortar un plano lo suficiente como para manipular la realidad hasta ver atascos donde no los hay.

¿Deformación, desinformación o habituación profesional?
photo by marga ferrer

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