jueves, 25 de septiembre de 2008

Ropa


Guardemos la ropa porque vienen a quitárnosla. Dejemos la ropa tendida para que se seque. Viajemos a Lisboa para retratar ropa tendida sobre azulejos seculares. Esperemos la llegada de las rebajas para comprarnos la ropa que nos gusta sin despilfarrar. En el rastro venden ropa de imitación, como en China, y cuesta tres veces menos, o cuatro, que la original. La ropa caduca si se usa mucho. Ha llegado el otoño y aún tengo el armario repleto de camisetas, bañadores, bermudas, shorts, tirantes, y ropa de cama ligera. Como ya hace fresco, por las noches me arropo hasta encontrar la temperatura adecuada del sueño.

Preparo la ropa del día siguiente antes de acostarme y la llevo al baño por la mañana para tenerla a mano, sobre el inodoro, al salir de la ducha. No me gusta pasearme sin ropa porque paso frío, me incomoda pisar desnudo el suelo carnívoro de las ocho de la mañana. Quito la ropa del tendedero y la dejo sobre la cama para doblarla al regresar a casa. Salgo a la calle vestido con mi mejor ropa y llego al quiosco para comprar la prensa. Encuentro ropa donde no esperaba, andrajos en horizontal en la portada de ‘El Mundo’. Es la ropa de quienes ya no están y el periódico que hace unos días abanderaba la lucha por evitar filtraciones en aras de defender la privacidad de las familias del JK5022, es hoy el que luce la ropa interior de los que ya no pueden vestirse.

El periodismo, con esta ropa, luce mal aspecto. Flaco favor hace ‘El Mundo’ a la profesión. Sucia profesión.
photo by somos

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