domingo, 26 de octubre de 2008

Anginas


Alfiler chino en la cueva de la lujuria, saliva blanca resbala en el vacío, bichos enanos trabajan en la fábrica del malestar, sincronizados para que nadie se dé cuenta de su daño hasta sufrir el primer puyazo. Es tarde, la fiebre devora la risa y el sudor manifiesta erradicación tardía. La peste del virus se ha colado a quemarropa, toca desempolvar viejos remedios de la abuela y nuevos medicamentos contra la muerte. Miel con leche caliente, zumo de limón con azúcar, gárgaras con vinagre puro de vino; de comer, ni hablar, no se puede tragar con una pelota de golf en la garganta. Pastilla por aquí, sobrecito por allá.

Creo que hablo con seres, pero en realidad tirito de fiebre. Sueño despierto, lloriqueo sin sangre mientras reproduzco voces guardadas en la coraza abierta del cerebro. Me piden cosas, hablan de mí, me sugieren remedios, no me dejan descansar, deliro, deliro, deliro. Caigo en razón entre un charco de sufrimiento, recreo las palabras de la fiebre, que no me abandona, se queda conmigo hasta que el sol abre paso entre las rendijas del sarcófago, luz revitalizadora que llega tras 72 horas de navegación brusca por los rincones más pegajosos del lado gris.
photo by somos

3 comentarios:

Anónimo dijo...

querido cuñado me encanta leer tu relato a pesar de que sé que lo estás pasando fatal con las dichosas anginas.... pero ten paciencia que con estas pastillas y sobrecitos seguro te pones bien enseguida.... ahh! un buen remedio también es hacer gargaras con agua oxigenada.que te mejores y un besazo de parte de la familia osito y armadillo.

AdR dijo...

No sé si te lo creerás pero me estoy empezando a sentir mal.

Gracias.

Abrazos

Óscar dijo...

Familia osito: gracias por los consejos de la abuela.

Adr: ¿hipocondríaco?