viernes, 31 de octubre de 2008

Lenguas de frío


Conduzco con la mirada perdida, no lo suficiente como para comerme el coche que llevo delante, pero sí para leer entre nubes la morfología del frío. El cielo eriza los algodones, los afila, los rellena de humedad y los convierte en cuchillos difuminados en las alturas, sobre el añil de la distancia recorrida por el buen tiempo hacia cotas de placer sahariano, lejos, muy lejos, a un equinoccio de distancia, cinco mil conversaciones, cien ratos de insomnio, trescientos cincuenta y dos coitos interrumpidos y ocho mil frenazos, ruedas lamedoras de asfalto que, como las mías, rebuznan impulsadas por reflejos salvadores de circunstancias comprometidas.

Aparco, tiemblo, por el susto del accidente abortado, claro, y levanto el dedo índice hacia el lugar donde dejé anclado mi pensamiento. Ahora tengo que trabajar, lo dejo en ese punto para retornar después a la fantasía helada de las mañanas de nubes afiladas, de lenguas burlonas, de estalactitas naturalmente optimistas.
photo by marga ferrer

3 comentarios:

Anónimo dijo...

frio,frio.... :)
muak.

AdR dijo...

¿Sentiré frío conduciendo esta tarde? Y eso que luce un sol radiante, pero las palabras hacen mucho.

Abrazos

Óscar dijo...

Adr: Gracias por tus palabras, siempre bien recibidas. Saludos, ánimo.