lunes, 3 de noviembre de 2008

La corona de Isidoro


¿Se imaginan a Isidoro Álvarez opinando en declaraciones públicas sobre los matrimonios homosexuales o el aborto?, ¿qué harían los medios de comunicación?, ¿maquillarían las declaraciones hasta convertirlas en políticamente correctas?, ¿las obviarían al colocarlas en un breve?, ¿y los partidos políticos?, ¿se rasgarían las vestiduras si las apreciaciones del presidente de El Corte Inglés fueran contrarias a su ideario?, ¿hasta dónde llega la libertad de los que nunca hablan y qué papel deben jugar los medios de comunicación ante palabras inesperadas como las vertidas recientemente por la reina de España?

A nadie se le escapa que El Corte Inglés es el maná publicitario de los medios de comunicación españoles y, salvo los de aquellos que se sienten afrentados por el emporio de Isidoro Álvarez, el público nunca accede a contenidos contrarios a la empresa. El dinero manda y, como tal, silencia las conciencias objetivas de informadores cuyo sueldo depende de los ingresos publicitarios que percibe la cabecera para la que trabajan. Si no que se lo digan a los miles de periodistas amenazados durante estas fechas de crisis y de recesión por expedientes de regulación de empleo que les colocan en el punto de mira del futuro despido consecuencia del descenso de ingresos por ese concepto.

Rondan ecos de las palabras de la reina en la versión de su vida publicada por Pilar Urbano; rodeadas de tibias apariciones políticas y de numerosos conatos de rebelión a bordo de los movimientos defensores de las libertades individuales de cada persona a la hora de elegir con quién se casa, por qué y cuándo. Me pregunto qué habría ocurrido si las palabras de la reina las hubiera pronunciado Rajoy, Aznar, Felipe González o cualquier otro personaje público de la política. A buen seguro, el debate sobre la crisis habría quedado postergado hasta más ver, el ruido, el desgaste y el provecho electoral que obtendría el adversario político estaría muy por encima del sembrado con la generación de alarma social por el particular financiero.

La corona, como El Corte Inglés, son los intocables, al menos hasta que uno de los dos frentes ha decidido tocar aspectos sensibles que afectan a una sociedad carcomida por la crisis. Hemos comprobado que no todo se silencia, que la profesión periodística todavía encuentra un halo de libertad a las presiones de los grandes. Descorazona, por el contrario, la tibieza política mostrada hacia las palabras de la reina, una reacción antónima de la demagogia que gastan habitualmente los responsables de los partidos en titulares construidos para ganar votos. Cuidado, que llega una orden de El Corte Inglés para insertar una contraportada a todo color. ¿Qué habrá pasado esta vez?, ¿un incendio?, ¿un robo a mano armada?, ¿la reina habrá comprado una escoba? No lo sabremos.
photo by marga ferrer

3 comentarios:

Anónimo dijo...

:)

AdR dijo...

¡Una escoba! :D Es cierto... nunca lo sabremos.

Muy bueno, abrazos.

Óscar dijo...

A lo mejor es que la escoba no tenía garantía, la reina la quiso devolver, le dijeron que no podía, protestó, lanzó el bolso a la dependienta con tan mala fortuna que la arañó la cara y provocó una hemorragia que discurrió por las rieras de la sección de perfumería hasta llegar a la suela de una señora que resbaló y se rompió la cadera, quien coincidió ser la esposa del Sr. Álvarez y bla, bla, bla.
Saludos, Adr...