domingo, 30 de noviembre de 2008

La escena final


Servando cayó en la cuenta de que el recinto que lo vio nacer en el mundo del espectáculo no era tan grande como pensó aquel día de otoño. Se había hecho mayor y sus ojos ya no comían a destajo, su capacidad de sorpresa y enaltecimiento de lo contemplado se habían reducido a la mínima expresión. Para él ya estaba todo inventado, los borbotones de imaginación infantil hace tiempo que se fugaron y ni siquiera la nostalgia le ayudaba a recomponer la ilusión, todo lo contrario, se entristecía, impotente, por no ser capaz de recuperar vibraciones de inocencia.

De mayor quiso ser artista, pero no así. No le faltaba de nada, su cuenta cada día abultaba más, cenaba en los mejores restaurantes de la ciudad, viajaba con la frecuencia del trotamundos, todo estaba a su alcance. Pero lucía gris, ojeroso, triste, como florero chino en el recibidor de la vida contemplada. Ni la cercanía de la Navidad, ni el volver a ver a los suyos, ni la visita de su amigo Daniel, ni su gato Sam, ni aquel libro de aventuras que le hizo llorar hace dieciocho años, 23 semanas y un día estimularon su corazón. Ya había vivido bastante, lo suficiente como para pescar las vivencias que cualquier ser humano tendría que tocar antes de ir a la fosa.

Servando sobrevoló la estancia despacio, con el sabor neutro del torpe que no supo guardar una esquirla de emoción para el último aliento.
photo by marga ferrer

4 comentarios:

AdR dijo...

Es una escena final que pone el sentimiento a flor de piel, un milímetro por encima, levitando.

Abrazos

Anónimo dijo...

vaya! la verdad és que solo viendo la foto del quirófano uno ya se imagina de todo por la cabeza, pero con el comentario.... madre mia...
:)
muak.

titiritera dijo...

¿sabes? me gusta mucho como escribes, la forma de contar algo asi, de entrar en el y acercarnoslo, antes de su despedida que supongo definitiva. Besitos.

Óscar dijo...

adr: esperemos que todos tardemos en levitar en ese sentido y sigamos dando guerra. Siempre bienvenido, un abrazo.

anónimo: las fotos son testimonios, apoyos de las instantáneas que retenemos en nuestro interior, reproducciones imaginadas, soñadas, pellizcos.

titiritera: simplemente, gracias. Supongo que la despedida de la escena será definitiva, o gris, o triste, o inoportuna, o impotente, o fría, o...