viernes, 28 de noviembre de 2008

Vinateros


A las cinco hemos quedado en la boca de metro de Vinateros, en el Madrid vespertino del otoño de hoja genérica, la misma que inspira tiras de cómic y amarillea el paisaje asfáltico de la ciudad. Moqueo mientras contemplo el devenir profético de la gente que camina por delante de un colegio público que, como vicuña, espera el recorrido del tiempo para asaltar la suerte de almas nuevas con las que presumir de experiencia en el barrio.

Nada cambia tan rápido como el parecer de los que sueñan con regresar algún día a las estampas que dibujaron años atrás, cuando la vida se entrenaba a golpe de vibraciones primigenias, las del niño curioso, travieso, gamberro o delincuente, da igual si la inocencia es la que guiaba las fechorías. Me quedo mudo si pienso en las papeleras metálicas donde al salir del metro la gente tira los billetes sencillos manidos por dedos sudorosos que miran al cielo de la timidez, o los bono metro de textura menos dura que la de los amarillos de los noventa, aquellos que se convertían en postas con las que hacer picar las piernas a las viandantes, sistema masoquista de ligoteo exprés para quienes desconocían las artes amatorias.

Vinateros viene y va con frecuencia anunciada en paneles luminosos, viene y va con la alopecia del que dejó de pisar el andén, marcha y no volverá de las épocas lejanas, del destajo comprometido en una llegada a las once, de la verborrea de listillo sin experiencia busca a alguien que se la dé, imitador de noches que cabalgarán siempre, como dijo David Barreiro no hace más de 72 horas, “por encima del tiempo”.
photo by somos

2 comentarios:

titiritera dijo...

me has hecho sonreir con ese metodo de ligoteo que desconocia :D, en mi ciudad no hay metro, sera igual por eso, aunque supongo que bonobuses tambien valdrían ¿no? Besitos, Oscar.

Óscar dijo...

La imaginación es una mina de estrategias, y más cuando la edad tierna dibuja siluetas de picardía inocente. Saludos,

Óscar