miércoles, 31 de diciembre de 2008

Copos de despedida


Se acostó la penúltima noche del año con las pilas descargadas, sin cenar, roto a gintonics. 2008 no pasaría a su intrahistoria como el mejor de su vida. Tenía hemorroides, había vuelto a fumar, a reencontrarse con la versión crápula de la que huyó cuando formó una familia, fue nombrado directivo de una empresa de la sociedad de la información y adquirió una casa en Torremolinos, con muebles y perro incluidos.

Al abrir los ojos, a eso de las ocho y cuarenta y seis minutos de la mañana, su visión quedó cegada por una luz diamantina que rompía la habitación. No reparó en cerrar la persiana al acostarse y pudo conocer de cerca los efectos de la teoría de la refracción. Un sol brillante se coló como un intruso por la ventana, rebotó en el espejo del armario y se comió sus ojos entreabiertos, de aspecto vidrioso y de color rojo vampiresco. Entre la confusión y el aturdimiento, le cautivó un baile atípico, un compás entretenido para una mirada vaga, reacia, obstinada en reproducir el sueño incómodo y sediento que había sido desvelado por la luz. Cientos de motas de polvo removido, ácaros voladores, levitaban sobre su cuerpo inerte, engullido por las plumas del edredón y las sábanas de franela que le regaló su madre. Se movían como las partículas que imitan a la nieve en las bolas de recuerdo turístico, como copos de despedida, como fragmentos de Navidad tardía, como proyectos rotos en mil pedazos, como los días de un año aciago para su suerte.

Feliz 2009, pensó.
photo by somos

1 comentario:

Anónimo dijo...

que importancia se dan hoy día los mediocres.