martes, 16 de diciembre de 2008

Método google


Se reconstruyó una vida con retales googlelianos hasta forjarse otra identidad que compensara los defectos que habían acomplejado su comportamiento. Aprovechó que compartía nombre y apellidos con otros cientos de personas por el azar del destino, tan diferentes como los bufetes que dirigían, las panaderías que regentaban, las canastas que metían, las patadas que propinaban, los delitos que cometieron algún día; como los pederastas atrapados con las manos en la masa, los borrachos anónimos, los empresarios del año, los escritores con sillón en la Academia, los bailarines de postín o los energúmenos que nunca callan.

Era una persona nueva, configurada a base de horas frente a la pantalla, matizada por los numerosos perfiles aprehendidos en el buscador durante su estancia en la habitación de los deseos concedidos. Siete megas de conexión, cuarenta y tres sesiones de dieciocho horas cada una, ciento veintinueve litros de coca cola, tres lápices alpino, un sacapuntas, doscientos trece folios, una tarjeta de memoria de 512 mb, su cámara de 7.1 megapíxeles, una grabadora de voz con 150 horas de sonidos ininteligibles, 2 gillette desechables, veintiún paquetes de chicles en grageas, treinta y dos bolsas de patatas onduladas, un microondas, diez lasañas precocinadas, cincuenta y tres sobres de nescafé classic, gominolas a gogó y pan. Al amanecer del cuadragésimo cuarto día, salió a la calle y gritó: “¡Holaaaaaa!”. Como un mes y medio atrás, nadie le escuchó. La vida real no entiende de frikis.
photo by marga ferrer

3 comentarios:

titiritera dijo...

yo creo que la vida real necesita de esos frikis para reafirmarse en su normalidad. Muy bueno el post. Besitos

Óscar dijo...

Normalidad la de la vida o la de los frikis? :-) Saludos

AdR dijo...

Genial. Lo has descrito al 100%, no te has dejado nada.

Abrazos