sábado, 6 de diciembre de 2008

Un post indiscreto


Mirar a los demás con la curiosidad del antropólogo encierra riesgos. Por lo menos, el de que te acusen de convertir en categoría la percepción que de una persona tienes cuando ésta cree que sólo la conoces de sólo unos minutos y realmente llevas más tiempo analizando su comportamiento, sus gestos, sus risas, sus sentencias, sus manipulaciones, sus aseveraciones, sus devaneos, su forma de escuchar, de contar y de hablar. Se trata de ubicarse fuera de conversaciones y escucharlas, atender las voces que hablan mientras el retrovisor refleja las de otros, utilizar ganchos conversacionales para provocar la reacción esperada en el interlocutor, recurrir a placebos que delatan falsedades, esgrimir argumentos contrarios al pensamiento de uno para corroborar la ideología del que los refrenda o rechaza, provocar, al fin y al cabo, para confirmar la veracidad o la falsedad de las profecías proyectadas hacia el comportamiento de los otros.

Es el ojo crítico que todo lo destripa, la mirada desconfiada que no cree en las buenas palabras hasta que las contrasta, el sexto sentido que delata la presencia de impostores en la realidad más cotidiana, la del coto privado de caza, la de las verdades vestidas de verdad. Nadie mira donde no le toca sin perseguir convencer de aquello en lo que no cree.

Yo me aparto.
photo by marga ferrer

1 comentario:

AdR dijo...

Llevas razón, yo también me aparto, que no quiero que me salpique nada, ya tengo bastante con lo mío.

Abrazos