domingo, 4 de enero de 2009

Escena


Era su primer día libre en aquel lugar después de haber trabajado sin descanso desde que llegó el fin de semana anterior. Le daba vértigo el tiempo ocioso del que disponía en un entorno hostil, ¿por dónde empezaba? Optó por recluirse en casa, entre las paredes húmedas que acababan de acogerlo. Maniobraba torpe y estúpido, anclado a los instantes más recientes de su temprana vida, al llanto fácil del calor familiar y al desarraigo de la escena que le tocaba representar. Manoseó libros por leer, hojeó su contenido sin asimilar ni una letra; cocinó ansiosamente para mantenerse distraído, llamó a los suyos para mentirles respecto a su nueva situación ‘idílica’; rastreó la caja de los recuerdos que arrastraba desde el primer año de carrera; escuchó desordenadamente los temas más evocadores de su trayectoria sentimental; y fumó tres pitillos con la mirada perdida en la ventana, como la que proyecta el gato que asoma sus bigotes desde el apartamento del que nunca le han dejado salir.

Él tampoco salió, prefirió quedarse en su presidio de miedos y de reconstrucciones comodonas. Le quedaba grande el traje de aventurero huido de las faldas de mamá, aún era pronto para disfrutar de la lejanía doméstica, del encanto de lo ajeno con libertad emancipadora para tomar decisiones propias. Aún así, su primer día libre en aquel entorno siempre lo recordaría con cariño, con la nitidez del que empieza a distinguir los momentos que han dibujado su trayecto antes de morir.
photo by somos

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