miércoles, 18 de febrero de 2009

Huevo y gallina


Si fue antes el huevo o la gallina es un debate que se había planteado, de forma voluntaria o impuesta, en numerosas ocasiones a lo largo de sus 45 años de vida. Se le reproducía el eco de tal dilema mientras miraba por el retrovisor de su devenir histórico, al rescatar su versión infantil, la mueca de púber y su afamada vida de neoadulto. El pinchazo que desde ayer sentía a la altura del costillar izquierdo, interpretado por su hipocondría como un aviso de infarto, o como la angina de pecho que le impediría seguir llevando una vida normal, punzó momentáneamente la piedra filosofal de sus inquietudes. Las refrescó cuando alguien cercano le aseveró: “Siempre trataste a tu padre como al directivo de una empresa, nunca le tuviste en cuenta como una persona igual a ti, con las mismas necesidades; fuiste un lerdo y un cobarde”.

El huevo o la gallina, el padre o la persona, la normalidad o la autoridad, el consejo o la orden, la vida o la muerte. Llegó tarde, su padre yacía frente a sí, con las manos ajadas, el rostro trémulo, vestido con el traje de paño de las grandes ocasiones, tumbado al otro extremo de la vitrina de la sala número siete del tanatorio municipal. Permaneció horas frente a él, hierático, lamentando el tiempo perdido y las oportunidades que dejó escapar para compartir con su primogénito de tú a tú, sin la cortina del miedo. Nada distinto al pensamiento del resto de mortales, como pez grande que devora al congénere chico, quieto, estático, mudo, sordo y ciego por no haber sido capaz de enterarse antes de que se le acabó el tiempo.
photo by somos

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