miércoles, 1 de abril de 2009

Barrio


No, no les quiero hablar de la película de Fernando León de Aranoa, o sí. Porque quien más, quien menos, se ha criado en un barrio. Los pueblos son como los barrios, ¿o es al revés? Siempre es susceptible de ser debatida cualquier cuestión con el sempiterno debate de fondo acerca del huevo o la gallina, aunque tampoco es esa la clave que pretende abordar este escrito. Más bien quiero retroceder, como escuela de vida, al barrio que me parió.

He quedado al salir de clase con Carlos, David y Jaime en la Lonja para emular a los guerreros del asfalto por los maceteros de esta zona peatonal dividida en tres alturas. Con doce años uno es incapaz de ver más allá, me refiero a los más de cien bares que se apostan a ambos márgenes del complejo. Sólo hay metros y metros de hormigón para que las chapas circulen a sus anchas, entre colillas, jeringas, barro artificial, potas, condones y otras formas de compost urbano.

Después de tres semanas jugando horas y horas a la serpiente multicolor de hojalata nos cansamos. Carlos fuerza la transición hacia otras formas de entretenimiento trayendo consigo el balón de la Eurocopa de Alemania 88. De aspecto reluciente, recién llegado de la tienda de deportes de al lado de su casa, se prepara para someterse a una sesión intensiva de peeling contra las baldosas pedregosas del suelo de la Lonja. Como porterías utilizamos dos bancos ubicados frente a frente, a unos veinte metros de distancia, roídos por navajas amorosas, pellizcados con rotuladores edding 200 del 'tempranografiterismo', pero perfectos para la práctica del fútbol en sus modalidades dos a dos o tres a tres. ¡Gol!

Stop.

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