lunes, 6 de abril de 2009

Lonja's Square Garden


Entre partidillo y partidillo, aprovechamos para descansar en las porterías. Apenas se distingue el oso y el madroño que lucían los bancos hace unos años, cuando el ayuntamiento, a través de la junta municipal de distrito, los colocó allí, en el mismo lugar en el que compartíamos una cocacola a las siete horas de una tarde de julio. Nos ha tocado el póster de Marta Sánchez, uno de los regalos que las latas contienen bajo la anilla que las recubre. Lo sorteamos al palo más largo. Gano el sorteo del sorteo sorteado. El póster irá a parar a la sala de trofeos musicales de mi habitación, donde ya descansa Whitney Houston (también gentileza de mis eructos de ilusión musical), recortes de Depeche Mode, Perico Delgado y alguna que otra alineación del Real Madrid de Ito, Cholo, Salguero, Lozano, Juanito, Butragueño, Camacho, Agustín, Jankovic, Molowny y compañía.

Cambio de balón. Es agosto, nos trasladamos a la frontera que separa una lonja de otra. La segunda queda tres metros arriba, la divisamos desde la primera a través de una pared que separa las alturas con la ayuda de una barandilla apoyada sobre un bordillo de hormigón. El muro presenta huecos por los que sale despedido un aroma inconfundible del monóxido de carbono que encierra en su interior. Es la ventilación del aparcamiento que ahueca el complejo peatonal y nos sirve como canastas improvisadas. Bueno, hay que tener la imaginación de un niño para encontrar canastas en un bordillo, y tableros en una fila de barrotes metálicos. Nosotros somos niños y jugamos al baloncesto, con un balón de reglamento y todo. El oso, el 21, partidos, unos contra uno… ¡canasta!

Todo es posible en la Lonja’s Square Garden de Moratalaz.

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