domingo, 31 de mayo de 2009

Cenizo


Todo lo que tocaba se convertía en ceniza. Quería ser amable pero al intentarlo siempre desplazaba la parte del péndulo que desequilibraba la estabilidad de la física. Entonces la pelota de acero caía sobre la cabeza recién operada y ésta volcaba sus pensamientos sobre la virginidad de unas páginas escritas en blanco.

Cuando el tiempo se encargó de apostillar su comportamiento en retablos de olvido, el recuerdo lo reflotó. De repente, como si los años hubieran sido transparencias sobre la progresión natural de los días, renació entre sillas de terraza, sombrillas damm y colillas reconcomidas por el sol de un verano perezoso.

Era el mes de junio, se produjo una reunión de compañeros de vida veterana y él aprovechó para sacar pecho, como trozo de amistad radioactiva bajo la influencia de la mano negra. Suerte a todos los que lean este texto, que no sean supersticiosos y que tengan la buena dicha de estar inmunizados a la presencia del cenizo.
photo by somos

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