lunes, 11 de mayo de 2009

La púa


Salvaje, como un baño sin planificar en una playa perdida, encontrada después de años sin pisar el recuerdo. Pícara, como la excitación infantil ante un no adulto, carcajada nerviosa de pecado venial. Solitaria, como un verano de crisis lleno de medusas, sin sol, sin nubes, sin cielo, sin dinero. Nerviosa, consecuencia del sometimiento al antojo de un dueño artista, sensible como el cartón mojado que se seca al sol horas después de ser rescatado, galleta maría en colacao caliente. Rosa, como el color del arco iris preferido de los que frecuentan zonas reservadas sin reserva, naturistas en las formas y en los procederes, anacoretas del bien y del mal.

Su nombre, o el dueño que la olvidó, se apellida Vargas, el mismo que algún día rescatará notas nostálgicas cuando evoque la pena que le dio recordar que un trozo de su alma quedó anclado en la arena de una isla, como anillo de novicio perdido entre un marasmo de algas, estrellas de mar, erizos y sirenas.

Dedicado a Javier Vargas (de su púa).
photo by somos

2 comentarios:

La Vía Láctea dijo...

http://www.vargasblues.com/esp2/inicio.php

Óscar dijo...

Gracias por el enlace; hemos puesto el dispositivo de encuentro en marcha para futura entrevista y devolución de objeto fetiche a su dueño.

:-)