martes, 23 de junio de 2009

Celulosa


Hace días que no escribo en esta bitácora. El síndrome del papel se ha apoderado de mis neuronas. Ya no percibo el olor remoto a celulosa y me entra el resquemor de no saber hacia dónde dirigir mis letras. Parece como si la vocación encendida hace años se hubiera quedado helada. Mientras espero a que las musas me inspiren, escucho el gemido de las cabezas de turco que ruedan semanalmente ante mí, procedentes de lo que antaño fueron rotativas de ensueño para periodistas tiernos.

Recupero hoy el aliento, animado quizás por nuevas formas de proceder que garantizan el futuro de una profesión poco habituada a los cambios, corporativista en exceso y comodona como ninguna otra. Los que peor lo tienen son los que han defendido (y defienden) hasta las últimas consecuencias un modelo periodístico agotado, sin fuerzas, arruinado, inerte, moribundo. Afortunadamente, son los mismos que abanderaron el intrusismo, que ningunearon hasta el mileurismo a los más cualificados y que no sabrán decir adiós hasta que la verdad, la misma que siempre ocultaron, pase por encima de ellos.
photo by marga ferrer

2 comentarios:

AdR dijo...

Ojalá las verdades pasen por encima de todos los que pensamos, que nos hace mucha falta eso.

Entiendo lo del papel, yo nunca lo pierdo. Es un olor indescriptible.

Abrazos :)

Óscar dijo...

Gracias, AdR. Vamos a ver por dónde discurren los acontecimientos. La terquedad de quienes no se dan cuenta de que el papel se acaba (el de la prensa escrita) es cuanto menos sospechosa, ¿a quién pretenden engañar?

Saludos :-)