lunes, 1 de junio de 2009

Papel digital


No tenía pasado. Lo desconocía, jamás preguntó. Ahora ya era tarde. Google dejó de registrar su nombre, su vida, su perfil, sus amigos. No quedaba nada. Se fue quince años después del último ABC en papel. Su saber quedó reseteado como el del resto de coetáneos. Reinó el caos. La memoria del mundo cayó por el agujero negro de sus confesiones digitales. Nadie supo ver a nadie. La depresión se cebó con los que acostumbraban a leer periódicos los domingos con el perro bajo la sombrilla de una cafetería franquiciada. Desayunos de dominicales escritos por los más naesabuandos futurólogos. ¿Por qué no me informaron? –aún se pregunta-. Los titulares que se evaporaron del papel, aquellos que olían a imprenta de crisis, permanecieron inmóviles, formateados, borrados. Bye.

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