miércoles, 12 de agosto de 2009

Pobre radio


“Ya lo sabía, ya lo sabía”. Este es el estribillo de una nueva canción de corte clásico reventada por la mala planificación publictaria del soporte radiofónico. Es una lástima, a la vez, comprobar cómo se destroza este medio de comunicación mediante el uso indiscriminado de bombas que, bajo la forma de cuñas publicitarias, invaden, hasta apropiarse de ellas, las parrillas de programación. ¿Cómo puede ser que no haya nadie cabal en las ondas que mire más allá de la satisfacción inmediata del cash?

Si los máximos responsables de las ondas quisieran un poco al medio que representan, o en el que dicen trabajar, tendrían que mostrarse más vigilantes con la calidad del producto que llega al oyente, no sólo del creado por la propia cadena o emisora (en su mayoría también compuesto por burdas imitaciones conformistas de modelos exitosos de otras épocas de apogeo radiofónico), sino del suministrado por la agencia publicitaria de turno o el convenido por los comerciales de la casa.

“Ya lo sabía, ya lo sabía”. Como amante de la radio; como oyente empedernido de horas y horas de programación; como defensor a ultranza de la preexistencia de su magia en tiempos de crisis; como impulsor de investigaciones relacionadas con la adaptación de este medio tradicional al ciberespacio; me niego a tragar con los males endémicos de un soporte periodístico maltratado por varias generaciones.

¿Por qué aguantar campañas mal trazadas, pagadas a golpe de talonario de hojalata como subterfugios de aquellos que huyen de la crisis del papel y que lo único que consiguen es que el oyente tenga el gesto tan fatídico de cambiar el dial o de dirección en la barra de idem?

Viva la radio, pero no a cualquier precio.

PD: Masical, ING, Línea Directa, Bañera sobre Bañera, el inglés en mil palabras…

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