domingo, 6 de febrero de 2011

Abecedario

Una letra manuscrita, unos dígitos propios de la Bauhaus, tinta corrida sobre un folio amarilleado. Estornudo de polvo en el desván, lágrima de nostalgia guardada en cajas de zapatos, bolígrafos difuntos. Carteles de antes con óxido de hoy, papelerías desestructuradas, caracteres caníbales de cuenta atrás ciberespacial.

Pasea el abecedario sin pena ni gloria por la segunda década del siglo XXI. Añora las clases de caligrafía, viajar en primera clase dentro de una saca roída de correos express, navegar de lado a lado del planeta en barcos de correspondencia lenta, lucir sus mejores galas en habitaciones de hotel solitarias, ponerse al servicio de una pluma y de su tintero, ganar premios literarios sin olor a software.

Está triste y le jode tener que trasladar su estado de ánimo a través de un blog, en la pantalla de un ordenador sin alma, libre de interpretaciones, sin remitente, como mensaje manuscrito encerrado en una botella a la deriva, al antojo del hecho global que le amenaza sin remedio.

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