jueves, 6 de septiembre de 2012

De la nueva temporada radiofónica y televisiva

Temporada abierta. Los primeros espadas de la radio y de la televisión española vuelven a sus quehaceres tras el intercambio de cromos del verano. Todo caras conocidas, tanto las de los nuevos como las de los viejos, las de los fichajes como las de los descartes, las de los directivos recién llegados como las de los defenestrados, las de los políticos de estreno como las de los de la vieja guardia, las de los oyentes como las de los telespectadores, las de todos y las de nadie.

Porque nadie conoce a nadie y todos nos conocemos. La nueva temporada radiofónica (y la televisiva por ende) se viste de vacío ruidoso. Modelos de parrilla calcados, tan prudentes como marca la oficialidad y la mano de quienes pagan directa (e indirectamente); tan serviles a las líneas editoriales de los amos que poco se sabe de la interpretación de datos, más allá de la que imparten los tertulianos nuestros de cada día; tan calcada, tan igual, tan monocorde, tan lineal, tan plana, tan alta y tan baja. Mientras que el oyente o el telespectador sepa qué dial sintonizar o qué cadena poner, no hay problema. Ellos saben lo que quieren ver, si lo eligen es por algo y si comen mierda es porque les gusta.

Preceptos tradicionales que justifican el suceso a discreción, la mentira disfrazada de verdad, el enfoque distorsionado de la realidad conforme marca la agenda-setting de las altas instancias, los comentaristas instruidos para comentar lo comentadamente (¿o políticamente?) correcto, los expertos en nada revestidos de sabelotodo que ni escuchan, ni sienten, ni padecen; la explicación descontextualizada de los hechos, el guión marketinianao del político que no dice nada y cuyo titular deconstruido es elevado a la categoría de última hora o de noticia de alcance; del sé que podría hacerlo mejor para evitar la comparación entre los tradicionales y los digitales pero no me interesa; del sé que si separo ambos aconteceres salgo ganando porque así las verdades que circulan por el ala social de la realidad las convierto en reacciones desmesuradas de quienes buscan incendiar la apariencia del orden establecido, algo que no conviene porque... "con la que está cayendo (sic.)".

Lo que acaban de leer nunca formará parte de una parrilla de contenidos dignos de servir a una audiencia a la que interesa alimentar su condición de masa mostrenca, cosificar, dejar como está para dejar de percibir un ruido sincero que altere el orden natural de las cosas.

Si tuviera que elegir un dial para este post, sintonizaría al azar cualquier bucle informativo de la radio generalista o me quedaría en el zapeo televisivo, discurriendo entre desayunos a medida, sucesos descarnados, pornografía informativa, desajustes pseudofamosos y otros aperitivos de guardar. Aunque, si tiro de manual, siempre me quedarán los documentales de la 2.

Photo by Marga Ferrer / Soma Comunicación

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