martes, 11 de marzo de 2014

Lo nuevo desde lo viejo

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El nuevo periodismo, el de este siglo XXI desbocado, frente a la herencia podrida de la empresa informativa tradicional que tanto ha dependido de los poderes (¿fácticos?). No seré yo quien haga de pensador eterno sobre las dificultades por las que atravesamos los periodistas en tiempos de reinvención profesional; cada palo suele aguantar su vela y en este ámbito también.

Pero me entristece comprobar que, al igual que el oficialismo feroz ya desembarcó hace un par de años (o tres) en las nuevas plataformas con el afán de controlar lo que se dice en ellas; también lo han hecho algunos empresarios tradicionales de la cosa informativa, los mismos que abocaron a la precariedad o a la calle a miles de compañeros coincidiendo con esta crisis social, de valores y también financiera (claro).

Perfiles que  se empeñan en proyectar a lo digital esos modelos apolillados de servilismo clientelar hacia quien manda en lo oficial. Titulares comprados, sueldos importados bajo la excusa de que son nuevos proyectos que han de buscar la rentabilidad para hacer justicia al medio plazo a sus trabajadores. Y comidas, cenas, reuniones, champú y chicles de bilis con el sello de quien traga y abraza farolas como siempre lo ha hecho.

Hubo un tiempo muy reciente en que parecía haber un resquicio de luz para mirar a través de él y encontrar nuevas fórmulas de renovación periodística, pero fueron detectadas por los déspotas del modelo heredado y las soldaron. Frustra ver como lo nuevo, en este campo periodístico cercano al secarral, es eclipsado por lo viejo. Polillas que resurgen en primavera y que sobrevuelan como drones desde arriba para avistar a las orugas que procesionan hacia un futuro peor, invasor y retrógrado.

Corbatas, favores, listas, elecciones, empresas que dan luz y ciegos serviles que desconocen los preceptos fundamentales de una profesión para la que nunca nacieron y de la que siempre se sirvieron, también en formato digital.

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